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sábado, 16 de mayo de 2020

Julio Anguita, un comunista


Enrique Santiago Romero. Secretario General del PCE
Hoy 16 de mayo de 2020 ha fallecido nuestro camarada Julio Anguita, quien desde hace años era patrimonio de toda la izquierda, en España y fuera de nuestras fronteras, además de ser el mejor representante de la coherencia y firmeza de los comunistas.
Julio se convirtió en un referente para multitud de personas por su inmensa coherencia política y personal, su honradez, sobriedad y su claridad de ideas.
Su entrega a nuestro pueblo fue permanente desde joven, como militante comunista y desempeñando ejemplarmente distintas responsabilidades: alcalde de Córdoba, secretario general del Partido Comunista de España, coordinador general de Izquierda Unida y fundador del Frente Cívico. Maestro por profesión, vocación y compromiso político, gracias a él varias generaciones de jóvenes se han incorporado a la lucha política en defensa de la clase trabajadora. Desde los años 80 toda la izquierda hemos aprendido con sus propuestas, que han orientado las reivindicaciones populares durante décadas. Todo nuestro pueblo y, en especial, los y las comunistas hemos tenido el inmenso privilegio de disfrutar con sus vibrantes y lúcidos discursos, señaladamente en la anual Fiesta del PCE. Fue en la madrileña Casa de Campo donde pronunció el ya histórico discurso de 1996 anunciando que el PCE daba por roto el pacto de la transición por el incumplimiento, por parte de la oligarquía económica y las fuerzas políticas neoliberales y de la derecha, de los compromisos para la garantía de los derechos sociales y económicos para todo nuestro pueblo incluidos en el texto de la Constitución.
Julio Anguita ha sido el mejor secretario general que nunca haya tenido ni podrá tener el Partido Comunista de España. Una persona coherente, fiel a sus principios y anhelos, que no eran otros que los del socialismo y el comunismo. Porque era profundamente dialéctico nunca fue ortodoxo sino radical, buscando las raíces de los problemas y construyendo propuestas alternativas: el programa, programa, programa.
Su defensa del programa político y la elaboración colectiva como ejes de cualquier construcción de unidad popular es hoy un método unánimemente aceptado en la izquierda transformadora. Denunció incansablemente el horror de las guerras, resultado de las políticas imperialistas del capitalismo, solo interesado en apropiarse de las riquezas y recursos naturales de todo el planeta sin respetar la soberanía de los pueblos donde se encuentren. Y fue la primera voz que se alzó denunciando lo que entrañaba el Tratado de Maastricht, la “constitucionalización” por la Unión Europa de las políticas neoliberales, la renuncia a la construcción de políticas europeas de redistribución de la riqueza y la imposición a todos los pueblos de las políticas monetarias de los países más ricos y los centros de decisión del capital europeo.
Siempre defendió la política de convergencia, la construcción de unidad popular y la suma de los esfuerzos de todas las personas que queremos acabar con este cruel sistema capitalista y crear un sistema socialista. Primero lo hizo impulsando Izquierda Unida hasta convertirla en el movimiento político y social referente para toda la izquierda alternativa europea. Y hasta hoy continuaba haciéndolo, animando y apoyando la puesta en marcha del proyecto de unidad de los demócratas y la izquierda que hoy representa Unidas Podemos, espacio que impulsó, defendió y apoyó abiertamente hasta el final de sus días.
Anguita nos enseñó que la unidad es no solo posible sino imprescindible para los que no tenemos más armas para cambiar el mundo que nuestro trabajo. Nos llamó insistentemente a unirnos en torno a un programa que garantizara la vida digna de las clases trabajadoras y de todas las personas. Y defendió que ese programa ya existía, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la humanidad gracias a la derrota del nazi fascismo en 1945, contenía las medidas necesarias para construir la sociedad justa y sin desigualdad que reclama el movimiento comunista internacional desde su nacimiento.
El enemigo principal
Sus palabras, sus propuestas, su trabajo, han sido muy peligrosas para el régimen del 78 surgido tras la muerte del dictador. Cuando se convirtió a finales de la década de los 80 del pasado siglo en el político más valorado por los españoles, fue convertido por la oligarquía en el principal enemigo a batir. Había que acabar con Anguita a cualquier precio. No podían permitir que se convirtiera en el político de izquierdas más votado, que accediera al poder institucional que podría abrir las puertas a que Izquierda Unida conquistara el poder real del Estado.
Nunca se ha conocido en España una campaña tan brutal y despiadada de desprestigio y ataques contra un líder político como la que padeció Julio. Durante meses, bastaba abrir un periódico, prender la radio o escuchar una tertulia política en televisión para que una cascada de insultos y descalificaciones contra Julio se vertieran sin límite ni mesura alguna, sin más justificación ni finalidad que acabar con el torrente rojo que representaba. Y en esa alianza contra el hilo rojo se conjuraron tanto los medios de comunicación de los grupos más conservadores como aquellos que se decían progresistas, como todo el entramado de comunicación de PRISA.
Tanto ataque multiplicó también las deslealtades y el oportunismo de los aduladores y mediocres que, ante el acoso a Julio, no quisieron entender que era una obligación cerrar filas contra la brutal ofensiva política de los servidores del capital. Algunos y algunas tuvieron la increíble osadía de llegar a creerse intercambiables con Julio Anguita y más útiles para la izquierda y nuestro país que el maestro cordobés. No es de extrañar que tanta mendacidad y mala fe causara daños irreparables en el corazón de Julio, daños que terminaron por apartarlo de la vida política activa. Como decía su admirado Carlos Cano, “mi pobre corazón de tantos desengaños se paró”.
Julio siempre siguió trabajando, siendo inmensamente útil a nuestro pueblo y a su Partido hasta el último momento, fiel a esa clase obrera que es el único motor de la historia. Siempre enseñándonos, asumiendo nuevas responsabilidades, mostrándonos nuevos caminos cada vez que creíamos que se cerraban los que pensábamos que eran los únicos, obligándonos a pensar en el bien común.
Hoy Julio ha abandonado la vida material pero desde hace tiempo no podía morir. Nunca muere quien ha dejado imborrable huella entre su pueblo, quien forma parte de la historia. Nos deja tantas enseñanzas que ya es eterno. Descansa camarada, lo tienes bien merecido. Te acompaña nuestro inmenso agradecimiento.

Adiós Julio, adiós maestro: seguimos tu ejemplo de lucha


Ha muerto Julio Anguita. Ha muerto un referente sin parangón de la izquierda española; una persona coherente e íntegra; un maestro, un luchador. Para nosotros y nosotras se ha ido un compañero, un camarada.
Julio fue coordinador general de esta formación entre 1989 y 2000, además de secretario general del PCE. Buena parte del pueblo español le recuerda aún perfectamente en su primera etapa como alcalde de Córdoba y diputado en el Parlamento andaluz, y unos años después con su rotunda claridad desde el escaño o la tribuna del Congreso.
Como fundador que fue de Izquierda Unida actuó como un firme defensor de la unidad de la izquierda transformadora, siempre en base a acuerdos programáticos para mejorar la vida de la clase trabajadora. Con esa misma firmeza y autoridad criticó la corrupción de las élites y todas aquellas actuaciones políticas que, como ya avisó, acabarían vaciando de democracia y soberanía a nuestro país.
Sufrió como pocas personas los ataques inmisericordes del poder. Su salud y su corazón se fueron resintiendo poco a poco hasta convertirse en la única razón posible que le podo apartar de la primera línea, pero nunca de la Política, así con mayúsculas, como él la entendía.
Volvió por un tiempo a su trabajo de maestro y renunció con desprecio a todos los privilegios posibles, cuando ya se oían los ruidos de esas ‘puertas giratorias’ tan queridas ayer y hoy por muchos de los que le criticaron.
Julio demostró que se puede luchar contra el poder y salir éticamente indemne. Su coherencia y su integridad conforman una trayectoria ejemplar, la misma que desde hace tiempo supone un capital político incalculable, no solo en el día de hoy, sino también para el futuro.
Sus intervenciones públicas y los textos que elaboró tanto para esta organización como para tantas otras ocupan un lugar privilegiado en el acervo de la izquierda, y no solo para la de nuestro país. Su clarividencia a la hora de adelantarse a los tiempos y su capacidad pedagógica -desde el Tratado de Maastricht a la irrupción del 15M– fue reconocida, aunque nunca por todos, como les pasa a los grandes, según se iban cumpliendo sus análisis.
El ‘gran discurso antisistema’ que dio junto a José Saramago o el mitin de la Fiesta del PCE en 1996, donde ya señalaba la ruptura del pacto constitucional por parte de las élites, están entre algunas de sus intervenciones más relevantes y seguirán siendo analizadas como parte de la historia de nuestro país.
Hoy, 16 de mayo, se va un gigante de la política. Un defensor de la clase trabajadora y de su necesaria unidad. Julio fue un hombre incorruptible que, en un sistema corrupto, hizo de los principios una de las armas más poderosas que puso al servicio de todas las personas.
Seguimos luchando, compañero, camarada Julio.
Que la tierra te sea leve,
Comisión Colegiada de Izquierda Unida

sábado, 9 de mayo de 2020

Los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla: a 75 años de la victoria antifascista

El 9 de mayo de 1945 las tropas soviéticas culminaron la toma de Berlín y dieron fin, de esta forma, al régimen nazi. El mundo pudo entonces levantar la mirada y hacer balance de lo que había supuesto la barbarie fascista; una guerra a escala planetaria, con millones de muertos y un sufrimiento que no conoció fronteras; un infierno de persecuciones étnicas y nacionales, fomentadas desde una ideología estatal que propugnó el supremacismo ario más aberrante; una agresión sistemática al movimiento obrero y sus conquistas, uno de los objetivos declarados del nazi-fascismo pese a su retórica engañosa.
Frente al horror se enfrentó la resistencia. No hubo resignación. El antifascismo se generalizó en Europa y en el mundo combinando todas las formas de lucha. La ideológica, confrontando al racismo y al cuestionamiento de los valores democráticos y las conquistas del movimiento obrero. La movilización social, articulando redes de solidaridad para la evasión y posterior acogida de las personas perseguidas, para el traspaso de información clave, o para los sabotajes a los ejércitos de ocupación y sus colaboradores. La armada, desde los destacamentos guerrilleros a las campañas de los ejércitos aliados, como ese Ejército Rojo que plantó su bandera en la puerta de Brandenburgo de Berlín y que simboliza este aniversario.
La capacidad de resistencia y creatividad que se demostró en el desencadenamiento de fuerzas que condujeron al 9 de mayo de 1945, es un hecho histórico que no debe pasarse por alto. La lección que se ofreció al mundo sigue vigente, no hay enemigo que no pueda vencerse desde una movilización social que defienda los valores de la democracia, de la justicia social, de los derechos y libertades, en definitiva, los valores del antifascismo.
Como denunciamos desde el PCE, junto con otras muchas fuerzas democráticas y progresistas de Europa, la resolución del Parlamento Europeo de 19 de septiembre de 2019, pretendió tergiversar la historia de nuestros países con un discurso anticomunista que responde a la deriva autoritaria de la nueva derecha. El año y medio transcurrido ha demostrado la vitalidad del antifascismo y cual es el verdadero rostro de quienes ampararon esa toma de posición; son precisamente quienes intentan introducir recortes de derechos y libertades sin precedentes en los Estados donde gobiernan, al tiempo que confrontan cualquier contestación social desde la represión más descarnada. No es casualidad que se pretenda criminalizar al comunismo; lo que se aspira es a neutralizar cualquier posible alternativa que suponga una esperanza para las mayorías sociales trabajadoras que ven como, el espejismo capitalista, no da respuesta a sus demandas básicas.
El PCE reivindica los valores del antifascismo, la mejor tradición de los pueblos europeos, un ejemplo de movilización social que hoy es más necesaria que nunca, porque los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla.
Secretaria de memoria democrática del PCE.