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viernes, 1 de mayo de 2020

Somos imprescindibles, nuestros derechos también. Manifiesto del 1º de Mayo de la Juventud Comunista


Este Primero de Mayo no estaremos en las calles ni en las plazas reivindicando el día de nuestra clase, celebrando los derechos conquistados y luchando por los que quedan. Este Primero de Mayo estaremos confinadas en nuestras casas por la situación de excepcionalidad social en la que nos encontramos. Pero eso no significa que olvidemos nuestra fecha: el Día Internacional de la Clase Trabajadora.
A lo largo de todas estas semanas de crisis sanitaria y económica, ha quedado demostrado que, bajo el sistema capitalista, la gestión de las crisis se hará siempre bajo la premisa de defender los beneficios privados. Se ha demostrado que es incapaz de priorizar los derechos y bienes colectivos por encima del beneficio privado de unos pocos y no es retórica. El mejor ejemplo de ello es como ante la pandemia que estamos viviendo, mientras no hemos podido realizar ninguna actividad más allá de las imprescindibles para la reproducción de la vida, el capital y en concreto la CEOE han obligado a la clase trabajadora a confinarse en el transporte público e ir a trabajar, incluso cuando esos puestos de trabajo no eran esenciales para la situación de alarma. La lucha de clases no se ha parado. La lucha de la clase trabajadora en contra de la explotación capitalista sigue tan vigente como siempre.
Y somos la juventud el sector de la clase trabajadora que más está pagando ya los costes sociales de la crisis económica capitalista. Las primeras consecuencias nos dejan datos escalofriantes: 1 de cada 2 trabajadoras despedidas en marzo son menores de 35 años y España es el país de Europa con más paro juvenil (32% en menores de 25 años). Esto tan solo viene a agravar la penosa situación en la que se halla la juventud española. La situación para las jóvenes trabajadoras no es nueva pero sí se acentúa: viene empeorando desde que se aprobaron por parte del PSOE las primeras leyes en las que se permitía el trabajo temporal hace ya décadas y se empeoró de manera despiadada a partir de las crisis de 2008. Además, las jóvenes no hemos vivido ninguna recuperación económica y los datos así lo confirman: el precio medio del alquiler, la opción más asequible para poder independizarnos y empezar un proyecto de vida, nos obligaría a destinar más del 90% de nuestro sueldo medio solo al pago de la vivienda.
A pesar de todo ello, hemos estado, como el conjunto de la clase trabajadora en primera línea. Muchas veces sin los EPIs necesarios, con condiciones de absoluta precariedad en el puesto de trabajo, realizando las tareas esenciales que están permitiendo a la sociedad superar esta situación: repartidores, cajeras, enfermeras, limpiadoras, cuidadoras, reponedores… Muchas de las jóvenes en primera línea durante la cuarentena han sido contratadas con contratos temporales o a jornada parcial, y seremos despedidas en cuanto al empresariado le convenga. La clase trabajadora es quien produce, cuida y reproduce a la sociedad y como en todas las crisis, en esta también, ha quedado claramente demostrado. Y si somos imprescindibles, es hora de luchar y exigir nuestros derechos que también son necesarios. Si producimos los bienes básicos, los repartimos, cuidamos de las personas que lo necesitan y las curamos, aseguramos los suministros de luz y agua, limpiamos las calles y hacemos que funcione el transporte, nos merecemos no caer en las garras del paro ni la precariedad estructural. Nos merecemos tener asegurado un trabajo y un sueldo con el que tener una vida digna.
Ante los tiempos difíciles que se avecinan solo tenemos un camino. El camino de organizarnos y luchar por nuestros derechos. Nuestro camino siempre será la lucha de la clase trabajadora para superar este sistema que en este período de excepcionalidad nos vuelve a demostrar que solo existe el beneficio privado, para ellos ninguna necesidad social ni humana está por encima del capital. Que de esta crisis salgamos mejor o peor solo depende de nosotros mismos y de nuestra capacidad de movilización. Y las jóvenes, como siempre, tenemos el papel de empujar esas luchas hacia adelante. Toda la historia de lucha del movimiento obrero nos demuestra que el empresariado no cede ningún derecho por buena voluntad, todos han sido conquistados y defendidos con organización y lucha.
¡Viva la lucha de la clase obrera!

Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo y Economía Social: “El corazón colectivo del 1º de Mayo


Yolanda Díaz - Ministra de Trabajo y Economía Social
La crisis social y sanitaria global, provocada por la pandemia de la COVID-19, ha mutado el paisaje de nuestras vidas. También el de este 1 de mayo. Será un Primero de Mayo sin gente en la calle, por primera vez, pero en el que la voz de las personas trabajadoras estará más viva que nunca.
Apenas tres meses han transcurrido desde que iniciamos nuestra trayectoria en el Ministerio de Trabajo y Economía Social, aprobando el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, con el acuerdo de todos los interlocutores sociales, e iniciando una importante dinámica de Diálogo Social. Casi al tiempo, derogábamos el despido por bajas médicas justificadas, avanzando en la lucha contra la discriminación. Por delante quedaba el reto de configurar una normativa más sensible a las necesidades de las personas trabajadoras, más cuidadosa con la gestión del tiempo de trabajo y con la corresponsabilidad, que recuperara el valor de la negociación colectiva y los derechos laborales perdidos. Todo ello teniendo en cuenta los retos a los que se enfrenta el Estatuto de los Trabajadores, de 1980, que debe, necesariamente, dar paso a un nuevo Estatuto de Trabajo del siglo XXI, que contemple una realidad diferente: atravesada por la igualdad de género, consciente de la globalización y de la descentralización, y con una clara vocación ecológica y de decidida acción contra el cambio climático.
La pandemia de la COVID-19 nos ha situado, de repente, en un nuevo escenario de emergencia que, pese a ello, no debe dejar atrás los propósitos de solidaridad y adaptabilidad con los que iniciamos este camino. Algo más. La necesidad de un gran acuerdo político y social que presidirá, en el futuro, la razón de ser de este Ministerio: la lucha contra la precariedad. Estamos convencidas de que la precariedad y la temporalidad, que afecta especialmente a jóvenes y mujeres, son la causa profunda de los daños en la estructura de nuestro mercado laboral que ahora esta pandemia ha revelado en toda su crudeza.
En el último mes y medio, desde este Ministerio, se ha articulado una normativa muy diferente a la que planeábamos antes de la excepción, el confinamiento y el estado de alarma, pero que mantiene intacto el compromiso con las personas trabajadoras. Figuras que recrean nuestra legislación laboral y que, como los ERTE, han dado respuestas rápidas y adaptadas a la inédita caída del empleo en nuestro país. Hemos asegurado rentas y ampliado el rango y extensión de las prestaciones por desempleo; hemos atendido a las necesidades del cuidado, con el programa Me Cuida, centrado en la flexibilidad horaria y la reducción de jornada; hemos tratado de integrar una nueva visión del trabajo, en el que la adaptabilidad funciona en una doble dirección, para satisfacer las necesidades de las empresas y de las personas trabajadoras; y allí a donde no hemos podido llegar estableceremos un Ingreso Mínimo Vital, que desmontará y cuestionará respuestas insolidarias de nuestro pasado inmediato.
Más que nunca, las personas y sus vidas deben ocupar la centralidad de nuestras preocupaciones. Personas que cuidan de personas, como nuestras profesionales sanitarias, o como las madres y padres que, mientras trabajaban a distancia, se han encargado de que sus hijas e hijos hicieran las tareas escolares. La defensa de lo público debe latir con fuerza en el corazón de nuestra recuperación económica y social. Una recuperación que debe dejar atrás unas relaciones laborales precarizadas, sobre las cuales resulta imposible cimentar la salida que queremos.
Definitivamente, este Primero de Mayo será diferente. La pandemia nos ha mostrado prioridades y principios que parecen nuevos, aunque no lo sean. Son los mismos que tantas personas trabajadoras han defendido, cada año, en esta jornada histórica, y son los que este Ministerio ha convertido en la más sólida expresión de su acción de gobierno. Las calles se volverán a llenar de gente, estoy convencida, y nuestro corazón colectivo volverá a latir unánime en la defensa compartida del trabajo decente. Trabajo decente para todas y para todos.
Yolanda Díaz es dirigente del PC de Galicia-PCE y de IU-EUG, así como diputada en el Congreso por Galicia en Común por Pontevedr.




Otro modelo social y económico es necesario para Málaga


Fernando Cubillo
Secretario General CCOO Málaga
Por primera vez, desde la llegada de la democracia, reivindicamos nuestros derechos sin salir a las calles. El estado de alarma no nos va a impedir poner de relieve la situación de cientos de miles de personas trabajadoras malagueñas que están sufriendo, ocho años después de la última crisis, la mayor incertidumbre en sus vidas, y no sólo laboral.
En este primero de mayo debemos reconocer en primer lugar a quienes han fallecido por culpa de la pandemia, a estas personas consideradas esenciales, sus compañeras y compañeros. Ningún salario podrá compensar el riesgo que sufren a diario por contagio, jugándose la vida, y ningún beneficio empresarial es más importante que sus vidas. Es el valor insustituible del trabajo de las personas malagueñas lo que nos pueden sacar de esta crisis, en especial el de quienes han estado en primera fila en todo momento. Trabajos pocos cualificados en muchos casos, y que hace unos meses no eran ni merecedores del SMI.
El primero de mayo, la sociedad debe reconocer el valor imprescindible del trabajo de quienes llevan adelante los servicios públicos, garantizando que los derechos sociales reconocidos en nuestra constitución española, llegan a todas las personas sin exclusión por raza, sexo, nacionalidad, religión,… Gracias a su trabajo y compromiso, la sociedad hoy mantiene unos niveles de bienestar y derechos que la iniciativa privada no es capaz de garantizar de manera universal.
Nuestros mayores merecen no sólo nuestro respeto, también nuestro esfuerzo económico, garantizándoles unas condiciones de vida dignas, en sus domicilios o en las residencias. Esta pandemia ha puesto al descubierto las carencias de nuestro sistema de dependencia, del modelo asistencial y las necesidades que debemos cubrir a quienes han luchado toda su vida por y para nosotros.
Tenemos que alertar a las instituciones malagueñas de que el modelo de desarrollo y crecimiento de nuestra provincia basado en el beneficio rápido a corto plazo, en inversiones especulativas con el turismo como base de extracción de rentas, ha entrado en una crisis profunda. No se trata de reactivar la economía tal y como se venía haciendo hasta ahora. Esta pandemia nos va a obligar a reinventar el turismo con otros parámetros, otro modelo, donde resulte más importante el mantenimiento del tejido empresarial y la sostenibilidad, que el beneficio a corto plazo, y en las circunstancias actuales necesitamos mantener el empleo soportado con demanda interna y garantizando la prevención de la salud.
Regresar al modelo empresarial amparado en los abusos de la contratación parcial o temporal, utilizando a la población joven y femenina como mano de obra de bajo coste, nos lleva a un débil y efímero crecimiento vulnerable ante cualquier crisis ya sea económica o sanitaria. Por eso Málaga ocupa hoy el segundo puesto nacional en caída de afiliación a la seguridad social, los primeros puestos en crecimiento del desempleo, primer puesto en expedientes de regulación temporal de empleo con más de 25 mil, afectando a más de 124 mil personas, porque tenemos una estructura empresarial que no ve más allá del verano y de la semana santa.
La facilidad que tienen las empresas para despedir y ajustar plantillas, ha quedado demostrada en este mes de marzo y abril. No se puede pedir más “flexibilidad laboral” a la población trabajadora malagueña. Quienes así piensan sólo piensan en sus bolsillos y no en el desarrollo económico y social de nuestra provincia.
Hoy se ha puesto el contador a cero para muchas familias que inician la búsqueda de empleo, y para otras que sufrirán con más dificultad esa carencia, por eso este primero de mayo tenemos que reivindicar una protección social completa, un ingreso mínimo vital y exigir un cambio en las políticas de formación profesional, y que los fondos de formación vuelvan a cumplir su función principal, la mejora de la cualificación profesional, que facilite abandonar el desempleo a miles de personas malagueñas.
Esta provincia necesita de otro modelo social y económico en el que la reactivación de la economía no sirva sólo para frenar la pandemia, sino para generar un desarrollo social donde la estabilidad y la seguridad jurídica empresarial sean compatibles con la seguridad laboral en el empleo y con unas condiciones dignas que faciliten ese consumo interno, desde donde hoy debemos arrancar la economía.
Málaga tiene que abandonar el peor ranking nacional que hoy ocupa, para liderar una transformación urgente y profunda de sus actividades económicas, y eso sólo se consigue con acuerdos en las empresas, con la implicación de todas las administraciones públicas, con pactos provinciales para impulsar industria, desarrollo rural, construcción, turismo, movilidad sostenible,… todos ellos respetuosos con el medio ambiente, con fuerte carácter inclusivo de hombres y mujeres, y con la participación de la representación sindical.
No hace falta salir a la calle, para poner en valor el trabajo de las miles de personas sindicalistas. Sin ellas, sin su compromiso, hoy como antes, no es posible un nuevo modelo social y económico donde todos y todas nos veamos reflejadas.
Por eso desde CCOO afirmamos hoy con rotundidad que otro modelo social y económico es necesario.